Descubriendo La Patagonia en Kayak

América

 

patagonia

 

La Patagonia es una región asombrosamente salvaje de Sudamérica, compartida tanto por Chile como por Argentina. La sierra de los Andes la domina, manteniéndola salvaje e indomable. Existe una red de fiordos glaciares  a lo largo de la costa occidental inundados por el mar: todo un paraíso para los amantes del Kayak. Por las cientos de millas a lo largo de estas playas chilenas, no hay ninguna señal de civilización; solo vegetación gruesa, escarpada, que intimida acantilados y un toque de barcos pesqueros, sobreviviendo a duras penas en el agua.

 

Llegar hasta este lugar implica 26 horas de vuelos, 12 horas en un autobús nocturno y tres días a bordo de un transbordador. Una vez se consigue llegar, uno se encuentra con un pequeño pueblo de pesca llamado Puerto Eden, la única comunidad sobre esta larga extensión de costa. La siguiente fase de la ruta consiste en remar 500 millas al sur, siguiendo la pista de los fiordos hasta Puerto Natales, la siguiente ciudad a lo largo de la costa. La aventura continúa hasta llegar a Estro Peel, un fiordo en la base de los Andes, donde un gran campo patagónico desciende de las montañas que se elevan directamente en el mar.

 

A medida que la aventura va transcurriendo, el viaje te desliza por pases restringidos, días grises con poco sol, frío intenso y corrientes fuertes. Pero cuando los barcos pesqueros se convierten en una vista cada vez más regular, significa que estás cerca de la civilización. Y no hay mejor sensación que cuando culminas tu aventura  paradisíaca, pasando por la puerta restringida entre las montañas que te llevan a un mundo nuevo: el terrenal.

 

Advertisements

Un día por Dublín

Europa

Molly Malone (Dublín)

 

Dublín (Baile Átha Cliath en irlandés) es una ciudad pequeña y con mucho encanto, que enamora a primera vista. Puede que llueva mucho, sí, pero eso tiene el mejor remedio: refugiarse en uno de sus pubs y pedirte una buena pinta de cerveza negra.

Para empezar el día con energía no hay nada mejor que el típico desayuno irlandés: un Full Irish Breakfast. Se trata de un manjar muy (pero que muy) completo compuesto, nada más y nada menos, que por salchichas, pudding negro –lo que vendría a ser algo parecido a nuestra morcilla–, huevos fritos, judías cocinadas con salsa de tomate, champiñones al ajillo, un par de tostadas con mantequilla y, para aligerar un poco, unos tomatitos a la plancha.

Después del suave atracón, uno puede bajar la comida haciendo un paseo por el parque urbano más grande de Europa, el Phoenix Park. Este parque, situado en la parte noroeste de la ciudad, cuenta con 16 kilómetros de zonas verdes en las que aún viven ciervos salvajes. Allí también se encuentran el zoológico, que tiene más de 700 especies distintas de animales provenientes de todo el mundo, el obelisco en memoria al Duque de Wellington y la fachada de la casa del presidente de la República de Irlanda (Éire en irlandés).

Dos de las atracciones más turísticas de la capital irlandesa son la Guiness Storehouse y la Old Jameson Distillery, ambas convertidas en museo y muy recomendables si uno tiene interés en conocer el proceso de elaboración de la cerveza negra y el whiskey irlandés. Un detalle importante es que si estamos en Irlanda no pediremos un whisky, ya que eso hace referencia a la bebida escocesa, pero sí un whiskey, con e, ya que este término proviene del irlandés, uisce beatha, que significa ‘agua de vida’.

Y ya por el centro de la ciudad, será imprescindible visitar la magnífica catedral de San Patricio y los anchos jardines del Trinity College, la universidad más antigua del país, además de pasearse por la lujosa calle de Grafton Street, conocer a la encantadora Molly Malone, cruzar los puentes Ha’penny Bridge y O’connell Bridge, y repostar en alguno de los tradicionales pubs de Temple Bar.

Si después de la ruta intensa por toda la ciudad aún nos quedan ganas de saber más de esta cultura conocida en parte por sus ovejitas, sus tréboles y sus duendes traviesos, no hay más que adentrarse en los mundos mágicos de Carroll’s, la tienda de souvenirs por excelencia.

 

photo credit: Molly Malone via photopin (license)